El interés compuesto tiene un enemigo silencioso: todo aquello que se descuenta antes de que el capital vuelva a componerse. Impuestos anuales, comisiones y fricción operativa.
La aritmética incómoda
Un capital que compone al 7% durante treinta años se multiplica por 7,6. El mismo capital componiendo al 5% se multiplica por 4,3.
Esos dos puntos de diferencia, que parecen menores en un estado de cuenta mensual, representan casi la mitad del patrimonio final. Y no dependen de haber acertado con ninguna inversión: dependen sólo de cuánto se quedó en el camino cada año.
Dónde se pierde
- Impuestos sobre rendimientos que se reconocen cada año en lugar de diferirse.
- Rotación excesiva de la cartera, que materializa ganancias innecesariamente.
- Capas de comisiones que se cobran sobre el saldo acumulado, no sobre el resultado obtenido.
El tercero es especialmente insidioso porque crece con tu patrimonio. Una comisión del 1% sobre saldo cuesta poco el primer año y muchísimo el vigésimo, cuando el saldo se multiplicó por cinco y el servicio prestado sigue siendo el mismo.
Qué se puede hacer
La estrategia no consiste en evadir nada, sino en elegir vehículos cuyo tratamiento fiscal permita que el capital componga sobre el total y no sobre el residuo.
También consiste en diseñar la fase de distribución desde el primer día. Cómo se retira el dinero determina cuánto impuesto se paga, y esa decisión se toma —o se pierde— al momento de estructurar, no al momento de retirar.
Es una decisión de arquitectura que se toma al principio y rinde durante décadas. Como casi todo lo que importa en materia patrimonial, no es urgente ningún día en particular y es determinante en el acumulado.